RES POLITICA MUNDIALIS - 20. EL DIOS DE JACOB Y LAS BENDICIONES DETRÁS DEL HIMNO NACIONAL
20. EL DIOS DE JACOB Y LAS BENDICIONES DETRÁS DEL HIMNO NACIONAL
La Estrofa del Himno que consagró nuestra libertad y abrió las puertas a la bendición y la prosperidad nacional
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
El Perú y su Himno Nacional
La sexta estrofa del Himno Nacional del Perú encierra una profundidad espiritual que, muchas veces, pasa desapercibida en el discurso público. En ella, se invoca directamente al “Dios de Jacob”, una referencia que no es casual ni meramente poética, sino que conecta a la nación peruana con una tradición bíblica milenaria de fe, esperanza y protección divina. Esta estrofa, que suele ser la más entonada en ceremonias oficiales, actos escolares, eventos deportivos y conmemoraciones estatales, constituye un verdadero eje espiritual de la identidad nacional.
La invocación al Dios de Jacob
El texto dice:
“Largo tiempo el peruano oprimidola ominosa cadena arrastró;condenado a cruel servidumbrelargo tiempo en silencio gimió.Mas apenas el grito sagrado:¡Libertad!, en sus costas se oyó,la indolencia de esclavos sacude,la humillada cerviz levantó.
Ya en su cima los Andes sostienenla bandera o pendón bicolor,que a los siglos anuncie el esfuerzoque ser libres, por siempre nos dio.A su sombra vivamos tranquilosy al nacer por sus cumbres el sol,renovemos el gran juramentoque rendimos al Dios de Jacob.”
En este juramento, el pueblo peruano proclama solemnemente que su libertad, recién conquistada, no es sólo un logro humano, sino una gracia bendecida por lo alto. El Dios de Jacob, figura bíblica asociada con la promesa, la fidelidad y la herencia espiritual, se convierte así en testigo y garante del destino nacional.
Conviene aclarar que el Dios de Jacob es el mismo Dios de todos los cristianos, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es decir, el Dios que se reveló en la Biblia y que se hizo plenamente conocido en Jesucristo. Por ello, cuando el Himno invoca al Dios de Jacob, lo hace en referencia al fundamento espiritual común de la fe cristiana que ha marcado profundamente la historia y la cultura del Perú.
La historia de la sexta estrofa en los actos oficiales
La práctica de cantar únicamente la sexta estrofa junto con el coro tiene una historia particular. En 1950, durante el gobierno del general Manuel A. Odría, un decreto supremo estableció que sólo debía cantarse esta estrofa en los actos públicos oficiales. El objetivo era resaltar un mensaje de esperanza, unión y fe en Dios, evitando las estrofas iniciales que hablaban de cadenas y dominación española.
Sin embargo, en la práctica, durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, en colegios e instituciones se siguieron entonando la primera y la segunda estrofa. Es decir, aunque legalmente la sexta era la oficial, el pueblo peruano aprendió y cantó otras estrofas durante varias generaciones.Fue recién en los años 1990 cuando el Estado decidió aplicar de manera estricta la norma de 1950. El Ministerio de Educación y el Tribunal Constitucional ratificaron que la sexta estrofa con el coro debía ser la única versión oficial en todos los ámbitos. Desde entonces, la entonación del Dios de Jacob se consolidó como la forma definitiva y vigente hasta hoy.
Bendición espiritual y prosperidad nacional
Este retorno en los 90 a cantar públicamente la estrofa del Dios de Jacob puede interpretarse no sólo como un acto cívico, sino también como un gesto de bendición espiritual sobre el Perú. A partir de esa década, el país experimentó una transformación profunda:- Se derrotó al terrorismo que había ensangrentado la nación durante los años previos.
- Se inició una etapa de estabilidad y crecimiento sostenido que convirtió al Perú en uno de los motores económicos de la región.
- Se venció a la hiperinflación que había devastado la economía.
Por más de 25 años, la economía peruana ha mostrado un dinamismo notable, abriendo oportunidades, reduciendo la pobreza y proyectando al país con confianza hacia el futuro. Desde una mirada espiritual, estas bendiciones no son casualidad: coinciden con la reafirmación del juramento al Dios de Jacob, que se entona en cada ceremonia patriótica.
Es como si al retomar ese canto, el Perú hubiese renovado su pacto con el Altísimo, quien en su misericordia concedió paz, prosperidad y dirección al pueblo.
Un llamado para hoy
En medio de tiempos difíciles, de crisis políticas recurrentes y de tensiones sociales, la sexta estrofa del Himno resuena como una invitación a volver al fundamento espiritual de la nación. No se trata de un simple recuerdo histórico, sino de un recordatorio vivo: el Perú no está abandonado, sino que, desde su nacimiento como república, fue puesto bajo la mirada del Dios de Jacob.
Si cada peruano asume este juramento con seriedad, el país no sólo será libre en lo político, sino también fuerte en lo moral y fecundo en lo espiritual. La invocación del Himno nos recuerda que el Perú no depende únicamente de la economía, de los tratados o de los gobiernos, sino de la bendición divina que se renueva cada vez que entonamos con fe nuestro canto nacional.
¡DIOS BENDIGA NUESTRA PATRIA, EL PERÚ!
22 de setiembre 2025
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
El Perú y su Himno Nacional
La sexta estrofa del Himno Nacional del Perú encierra una profundidad espiritual que, muchas veces, pasa desapercibida en el discurso público. En ella, se invoca directamente al “Dios de Jacob”, una referencia que no es casual ni meramente poética, sino que conecta a la nación peruana con una tradición bíblica milenaria de fe, esperanza y protección divina. Esta estrofa, que suele ser la más entonada en ceremonias oficiales, actos escolares, eventos deportivos y conmemoraciones estatales, constituye un verdadero eje espiritual de la identidad nacional.
El texto dice:
“Largo tiempo el peruano oprimido
la ominosa cadena arrastró;
condenado a cruel servidumbre
largo tiempo en silencio gimió.
Mas apenas el grito sagrado:
¡Libertad!, en sus costas se oyó,
la indolencia de esclavos sacude,
la humillada cerviz levantó.
Ya en su cima los Andes sostienen
la bandera o pendón bicolor,
que a los siglos anuncie el esfuerzo
que ser libres, por siempre nos dio.
A su sombra vivamos tranquilos
y al nacer por sus cumbres el sol,
renovemos el gran juramento
que rendimos al Dios de Jacob.”
En este juramento, el pueblo peruano proclama solemnemente que su libertad, recién conquistada, no es sólo un logro humano, sino una gracia bendecida por lo alto. El Dios de Jacob, figura bíblica asociada con la promesa, la fidelidad y la herencia espiritual, se convierte así en testigo y garante del destino nacional.
Conviene aclarar que el Dios de Jacob es el mismo Dios de todos los cristianos, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es decir, el Dios que se reveló en la Biblia y que se hizo plenamente conocido en Jesucristo. Por ello, cuando el Himno invoca al Dios de Jacob, lo hace en referencia al fundamento espiritual común de la fe cristiana que ha marcado profundamente la historia y la cultura del Perú.
La historia de la sexta estrofa en los actos oficiales
La práctica de cantar únicamente la sexta estrofa junto con el coro tiene una historia particular. En 1950, durante el gobierno del general Manuel A. Odría, un decreto supremo estableció que sólo debía cantarse esta estrofa en los actos públicos oficiales. El objetivo era resaltar un mensaje de esperanza, unión y fe en Dios, evitando las estrofas iniciales que hablaban de cadenas y dominación española.
Sin embargo, en la práctica, durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, en colegios e instituciones se siguieron entonando la primera y la segunda estrofa. Es decir, aunque legalmente la sexta era la oficial, el pueblo peruano aprendió y cantó otras estrofas durante varias generaciones.
Fue recién en los años 1990 cuando el Estado decidió aplicar de manera estricta la norma de 1950. El Ministerio de Educación y el Tribunal Constitucional ratificaron que la sexta estrofa con el coro debía ser la única versión oficial en todos los ámbitos. Desde entonces, la entonación del Dios de Jacob se consolidó como la forma definitiva y vigente hasta hoy.
Este retorno en los 90 a cantar públicamente la estrofa del Dios de Jacob puede interpretarse no sólo como un acto cívico, sino también como un gesto de bendición espiritual sobre el Perú. A partir de esa década, el país experimentó una transformación profunda:
- Se derrotó al terrorismo que había ensangrentado la nación durante los años previos.
- Se inició una etapa de estabilidad y crecimiento sostenido que convirtió al Perú en uno de los motores económicos de la región.
- Se venció a la hiperinflación que había devastado la economía.
Por más de 25 años, la economía peruana ha mostrado un dinamismo notable, abriendo oportunidades, reduciendo la pobreza y proyectando al país con confianza hacia el futuro. Desde una mirada espiritual, estas bendiciones no son casualidad: coinciden con la reafirmación del juramento al Dios de Jacob, que se entona en cada ceremonia patriótica.
Es como si al retomar ese canto, el Perú hubiese renovado su pacto con el Altísimo, quien en su misericordia concedió paz, prosperidad y dirección al pueblo.
Un llamado para hoy
En medio de tiempos difíciles, de crisis políticas recurrentes y de tensiones sociales, la sexta estrofa del Himno resuena como una invitación a volver al fundamento espiritual de la nación. No se trata de un simple recuerdo histórico, sino de un recordatorio vivo: el Perú no está abandonado, sino que, desde su nacimiento como república, fue puesto bajo la mirada del Dios de Jacob.
Si cada peruano asume este juramento con seriedad, el país no sólo será libre en lo político, sino también fuerte en lo moral y fecundo en lo espiritual. La invocación del Himno nos recuerda que el Perú no depende únicamente de la economía, de los tratados o de los gobiernos, sino de la bendición divina que se renueva cada vez que entonamos con fe nuestro canto nacional.
¡DIOS BENDIGA NUESTRA PATRIA, EL PERÚ!
22 de setiembre 2025

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