RES POLITICA MUNDIALIS - 21. TEORÍA CASTRENSE DE LA CAÍDA DE UN PODER:
21. TEORÍA CASTRENSE DE LA CAÍDA DE UN PODER:
Cuando los Muros del Ejército ya no Protegen la República
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
El Cuartel Militar de Chorrillos, frente al
Círculo Militar, representa uno de los poderes armados en Lima.
Que el atentado ocurriera allí —donde el
Estado se cree más fuerte— reveló lo contrario.
Cada atentado tiene un valor operativo, pero algunos —como el del
Círculo Militar de Chorrillos— poseen un valor histórico y simbólico.
No sólo fueron disparos contra una
orquesta: fueron ráfagas de metralletas contra la ilusión de seguridad
nacional.
Hemos comprendido, de modo instintivo, que
si el crimen llega al corazón militar, el poder ya no avanza: retrocede.
Así, la caída de Boluarte no fue producto
de una rebelión inmediata, sino de un desplome moral del Estado, un colapso
hacia adentro. Ayer en
la noche, la orquesta Agua Marina fue atacada a balazos en el Círculo Militar de Chorrillos. Este acto violento y
criminal no sólo estremeció al país, marcó un punto de inflexión histórico en
la política peruana. El atentado, ocurrido frente al Cuartel Militar del
Ejército ubicado en Chorrillos, en una zona emblemática de la autoridad castrense, se
convirtió en el símbolo perfecto de la descomposición del poder estatal y en el
detonante político que ha precipitado la caída de Dina Boluarte.
Hasta hoy, su gobierno ha sobrevivido
tambaleante, sostenido por la inercia institucional y los acuerdos frágiles en
un Congreso dividido. Sin embargo, la tragedia en el Círculo Militar de
Chorrillos transformó el desgaste en ruptura. La balacera contra un grupo
artístico musical que cantaba dentro de un recinto militar (Círculo Militar de
Chorrillos), frente a uno de los cuarteles más importantes del país, ha sido
interpretada como una señal inequívoca de que el Estado ha perdido el control
de la seguridad incluso en su propio territorio sagrado.
El mensaje fue devastador: si los
criminales pueden atacar a artistas civiles en la puerta misma del Ejército,
ningún peruano está seguro.
La crisis de seguridad venía gestándose
desde años atrás. Perú se había convertido en uno de los países con mayor
crecimiento del crimen organizado en Sudamérica, con cifras récord de
extorsiones, homicidios y secuestros. Las calles, los comercios y hasta las
zonas militares empezaban a reflejar una sensación colectiva de vulnerabilidad.
Pero lo ocurrido en Chorrillos rompió un límite psicológico: la violencia había
tocado el corazón simbólico del poder.
En ese contexto, el atentado actuó como
detonante político y emocional. A las pocas horas, varios partidos del Congreso
reactivaron las mociones de vacancia contra Boluarte, alegando incapacidad
moral y fracaso total en la gestión de la seguridad nacional. Los medios han
difundido imágenes del ataque en un espacio castrense, amplificando la
indignación y la percepción de desgobierno. Para las Fuerzas Armadas, el hecho
fue leído como una afrenta directa a su autoridad, lo que habría acelerado el
retiro de respaldo interno hacia el Ejecutivo.
Sin embargo, el atentado no fue la única
causa de la caída. Fue la chispa que encendió un polvorín acumulado.
El gobierno de Dina Boluarte ya estaba
minado por el escándalo de corrupción conocido como “Rolexgate”, por la
represión violenta durante las protestas posteriores al derrocamiento de Pedro
Castillo y por una crisis de legitimidad sin precedentes, con niveles de
desaprobación que rozaban el 95 %. Su liderazgo era percibido como débil,
distante y desconectado del pueblo.
La combinación de corrupción, represión y
desgobierno había creado el terreno perfecto para un colapso político. Solo
faltaba un catalizador.
El ataque a Agua Marina fue ese
catalizador. No sólo porque afectó a una agrupación querida por millones de
peruanos, sino porque ocurrió frente a un epicentro militar del país, el
cuartel militar de Chorrillos.
El impacto fue doble: emocional y
estructural. Emocional, porque tocó la fibra popular al herir a íconos de la
música nacional. Estructural, porque puso en evidencia que ni los muros del
Ejército podían contener el avance del crimen.
Desde ese momento, el gobierno quedó
moralmente desahuciado.
La historia demuestra que los gobiernos no
caen por un solo hecho, sino cuando el símbolo correcto aparece en el momento
justo. En el caso de Boluarte, ese símbolo fue una balacera frente al poder
armado de uno de los cuarteles militares de la República.
El atentado no sólo destruyó una noche de
música y alegría; derrumbó la última ilusión de autoridad de un régimen que ya
no gobernaba.
Así, la caída de Dina Boluarte será
recordada como el desenlace inevitable de un ciclo de deterioro político, pero
también como la noche en que el eco de las ráfagas de balas en Chorrillos marcó
el fin de un gobierno y el inicio de una nueva etapa de incertidumbre para el
Perú.
10 de octubre 2025
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