RES POLITICA MUNDIALIS - 49. EL GRAN TEATRO ELECTORAL: CUANDO EL DEBATE ES SÓLO UNA FARSA
49. EL GRAN TEATRO ELECTORAL:
CUANDO EL DEBATE ES SÓLO UNA FARSA
El final ya está escrito: esta noche no se debate el futuro del Perú, se escenifica su desenlace.
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
Pantomima Democrática
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
Pantomima Democrática
El Guión Ya Está Escrito Sánchez, el Ganador Ineludible.
Esta noche el Perú no presencia solamente un debate presidencial. Esta noche presencia una puesta en escena cuidadosamente diseñada bajo las luces de la televisión, rodeada del lenguaje solemne de la institucionalidad y presentada ante millones de ciudadanos como si se tratara del momento más decisivo de nuestra democracia. Se nos dice que veremos confrontación de ideas, propuestas de gobierno y visión de país. Se nos pide creer que esta noche puede cambiar el rumbo del Perú. Pero en miles de hogares peruanos la sensación es distinta: la de estar observando un escenario donde cada gesto parece medido, cada palabra calculada y el desenlace decidido mucho antes de que se encendieran las cámaras.
Cuando una democracia inspira confianza, el debate fortalece. Cuando la confianza se erosiona, el debate se transforma en espectáculo. Y eso es precisamente lo que hoy inquieta a una parte importante del país. Existe una percepción cada vez más extendida de que el ciudadano ya no participa como protagonista del destino nacional, sino como espectador de una obra política escrita desde otros espacios de poder. Se le invita a mirar, se le pide escuchar, se le convoca a votar… pero muchos sienten que las decisiones fundamentales ya fueron tomadas antes de llegar a las urnas. El Perú llega a esta noche profundamente dividido, cansado de la confrontación política y golpeado por años de crisis institucional, escándalos y promesas incumplidas. La ciudadanía no solo escucha propuestas; también observa señales, interpreta silencios y mide cuidadosamente lo que ocurre detrás del escenario. Y es precisamente allí donde nace el mayor temor: cuando el pueblo empieza a sentir que la política dejó de representar una competencia abierta y empieza a parecer una representación perfectamente montada.
La preocupación no es menor. Porque cuando un país comienza a perder confianza en sus procesos democráticos, el daño no es únicamente político: también es moral, social e institucional. La sospecha se convierte en desencanto. El desencanto se convierte en fractura. Y la fractura termina debilitando el vínculo más importante que sostiene a una república: la confianza entre el ciudadano y el sistema que debe representarlo.
Esta noche cada peruano mirará ese debate desde su propia conciencia, desde sus esperanzas y desde sus temores. Algunos verán propuestas. Otros verán estrategia política. Y otros sentirán que están presenciando una escena ya escrita cuyo desenlace parece inevitable. Esa es la verdadera tensión que atraviesa al país en estas horas decisivas: no solamente quién será el próximo presidente, sino qué tan firme permanece nuestra confianza en la democracia. Porque cuando la política se convierte en teatro y la ciudadanía empieza a sentir que su voz pesa menos de lo que debería, el debate deja de ser un ejercicio republicano y se convierte en una pregunta abierta frente a toda la nación: si aún somos protagonistas de nuestro futuro… o si solo estamos observando desde la tribuna cómo otros deciden el próximo acto de nuestra historia.
EL DEBATE DE ESTA NOCHE ES UNA OBRA TEATRAL CON UN FINAL ANUNCIADO: el ganador ya fue elegido tras bambalinas.
¡OTRA ESTAFA ESCÉNICA PARA LA POBLACIÓN PERUANA!
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