RES POLITICA MUNDIALIS - 51. INGENUIDAD O ESTUPIDEZ

 51. INGENUIDAD O ESTUPIDEZ

Crónica de un desastre anunciado.

Cuando una nación se niega a escuchar las lecciones de la historia

Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.

De las irregularidades de la primera vuelta a una nueva crisis de legitimidad nacional en la segunda vuelta electoral

Yo sostengo y lo he sostenido durante meses, que el Perú se encuentra frente a uno de los momentos más decisivos de su historia republicana. Mi convicción personal es que, las fuerzas de la izquierda radical han avanzado de manera sostenida y silenciosa dentro del escenario político nacional y que el resultado del próximo 7 de junio está cantado: la izquierda radical tomará por asalto el control político total de nuestro país a través de la consumación de un segundo fraude.

Muchos me dirán que exagero. Otros dirán que soy pesimista. Sin embargo, considero que existen señales suficientes para preocuparnos. Veo a una parte importante de la ciudadanía subestimando los riesgos que, a mi juicio, representan determinadas propuestas ideológicas inspiradas en modelos socialistas que han tenido resultados controvertidos en diversos países.

Desde mi perspectiva, el verdadero peligro no es sólo este candidato en particular, sino una visión de país que podría conducir a una mayor intervención estatal, debilitamiento institucional, confrontación política permanente y deterioro de la confianza económica.

Por ello vuelvo a plantear una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos actuando con ingenuidad o estupidez, ignorando advertencias que podrían tener consecuencias históricas?

Si mis preocupaciones son infundadas, el tiempo lo demostrará. Pero si son correctas, las decisiones tomadas hoy podrían definir el destino del Perú durante muchos años. La historia juzgará no solamente a quienes gobernaron, sino también a quienes, teniendo la posibilidad de analizar, reflexionar y actuar valientemente frente a esta lacra, decidieron mirar hacia otro lado.

La ingenuidad puede ser perdonable. La falta de información puede corregirse. El desconocimiento puede superarse con educación, experiencia y reflexión. Pero cuando las señales están por todas partes, cuando la historia ha dejado suficientes lecciones, cuando existen ejemplos visibles de países que recorrieron el mismo camino y terminaron sumidos en la pobreza, la división y el fracaso institucional, entonces la ingenuidad empieza a transformarse en algo mucho más preocupante.

A lo largo de las últimas décadas, América Latina ha sido un laboratorio político de la izquierda. Países que alguna vez tuvieron economías prósperas terminaron atrapados en profundas crisis sociales y económicas. La historia de los últimos 60 años de Cuba y desde hace más de 25 años de Venezuela, ofrece abundantes ejemplos sobre los riesgos del socialismo extremo, el debilitamiento institucional y las promesas políticas que ofrecen soluciones simples para problemas complejos.

Sin embargo, pareciera que una parte importante de la ciudadanía ha desarrollado una extraña capacidad para olvidar. Olvidar las lecciones del pasado. Olvidar las consecuencias de determinadas decisiones políticas. Olvidar que los países no colapsan de un día para otro, sino lentamente, mediante pequeñas concesiones, errores acumulados y una constante renuncia a la responsabilidad ciudadana.

La democracia no puede sobrevivir únicamente con el acto mecánico de depositar un voto en una urna. Una democracia sana exige ciudadanos informados, críticos y vigilantes. Exige personas capaces de analizar propuestas, trayectorias, antecedentes y consecuencias. Cuando el elector deja de analizar y empieza simplemente a reaccionar emocionalmente, la democracia comienza a debilitarse.

Quizá el problema más grave no sea la existencia de determinados líderes o movimientos políticos. El verdadero problema aparece cuando una sociedad pierde la capacidad de distinguir entre una promesa y una realidad, entre un discurso atractivo y una propuesta viable, entre la emoción del momento y el futuro de varias generaciones.

Los críticos de la izquierda radical sostenemos que, el verdadero peligro no aparece de manera inmediata ni espectacular. Aparece gradualmente, cuando las instituciones se debilitan, cuando la inversión se retrae, cuando la confrontación política sustituye al consenso nacional y cuando la libertad económica comienza a ser reemplazada por una creciente dependencia del Estado.

Por ello, muchos ciudadanos observan este momento con una mezcla de preocupación, incertidumbre y alerta. Consideran que el Perú se encuentra frente a una decisión histórica cuyos efectos podrían sentirse durante generaciones.

Y es precisamente allí donde surge nuevamente la pregunta:

¿Ingenuidad o estupidez?

Este 7 de junio, día de nuestra bandera, la izquierda tomará el poder...el peor regalo que pueda recibir nuestra nación...

La historia demuestra una verdad inmutable: los pueblos que olvidan las lecciones del pasado terminan pagando nuevamente el precio de aprenderlas.



02 junio 2026

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